Esta soy yo·veganismo

Por qué me hice vegana.

IMG_0471Hoy os voy a contar por qué decidí dejar de comer carne. Si os importa un pimiento choricero y solo queréis ver las recetas, saltaros este post y tan amigos. Hoy me apetecía contarlo.

Debo empezar diciendo que a mí nunca me gustó la carne en general y la roja en especial(y menos si estaba poco hecha). La solía comer como una suela de zapato de dura, si veía un trozo rojo o sangre ni la tocaba. De adolescente, hubo una temporada que dejé de comer huevos porque no hacía más que pensar en que eso era un pollito y cuando cocinaba pollo, cómo olía y tener que tocarlo me daba mucho asco. Así que tenía cierto terreno ya ganado. Además, mi madre nos acostumbró desde pequeños a mi hermano y a mí a comer tofu, tempeh, seitán, sopa de miso; platos que yo después incorporaría a mi dieta incluso antes de ser vegana.

El punto de inflexión, o el día en que me dí cuenta de que ya no quería comer más carne fue un día que una amiga nos invitó a su explotación ganadera. Era una explotación de bueyes wagyu, y ella nos llevó a ver la finca y la os animales: las instalaciones estaban limpísimas, los animales tenían música clásica de fondo, les daban vino para beber (también tenían bodegas). Nos enseñó a los terneritos, que estaban en establos en grupos pequeños, moviéndose todos juntos de un lado para otro. Hasta ahí todo bien. Pero nos llevó a ver al semental. Un bicharraco de no sé cuántos kilos de peso, pero era espectacular. Precioso. Estaba en un establo donde tenía el espacio justo para moverse un poco. Estaba de pie, y al vernos llegar se acercó a vernos. Yo me acerqué a la valla y le miré a los ojos y no sé por qué, pero me enterneció. Así que estiré la mano y le empecé a acariciar entre los ojos. Al principio me daba “cosa”, pero luego, el animal se acercó más, para que lo pudiera acariciar mejor. Y empezó a bajar la cabeza y a cerrar los ojos, igual que hace mi perro cuando lo acaricio. Yo me quedé alucinada, nunca había pensado que un animal así buscara el calor humano. Y me dio una pena terrible. Aún hoy cuando escribo estas líneas, pienso en ello y se me parte el alma. Yo llamé a mi marido y le dije “pero míralo, si es como un cachorrón enorme, ¡le gusta que le acaricie!” y me quedé un buen rato dándole mimos. Las fotos son de aquél día ese era el animal y la mano que se ve es mi mano.

IMG_0469 Después, nuestra amiga nos llevó a comer en su finca, carne de Wagyu, claro. Y yo no podía. Me parecía una crueldad haber visto a los animales vivos y luego tener que comérmelos. Me comí un bocadito y no pude más, por muy maravillosa que fuera la carne. No podía dejar de pensar en aquel animal, encerrado, pidiendo mimos; en los terneros, asustados. Y me dije a mí misma (y a mi marido, que tuvo que comerse mi carne y la suya para no hacer un feo a la anfitriona) que íbamos a dejar de comer carne. A ver qué tal. Por probar. Y así fue cómo nos hicimos vegetarianos. A raíz de aquello empecé a buscar información, a leer sobre el tema. Casualmente, volví a retomar la relación con una amiga con quien había perdido el contacto y resultó que ella era vegana. Mi querida Ani. Y ahí se me abrió una puerta que ya no pude cerrar. Una vez que empiezas a leer sobre la industria alimentaria: cómo se trata a los animales en ganadería; cómo se tritura vivos a los pollitos macho porque no sirven; la vida que se les da a las cerdas encerradas en jaulas que no les permiten moverse, ni siquiera ponerse de pie. Solo pueden estar tumbadas para dar de mamar a los lechones(a los que se les arranca los dientes sin anestesia); a las vacas lecheras, constantemente preñadas para dar leche y a las que separan de sus terneritos; cómo se les arranca la piel en vivo a los conejos para obtener el cachemir y hacernos jerseys; y un largo etcétera que me abrió los ojos y me partió el corazón.

Una vez que sabes todo eso, y a pesar de que la publicidad te lo maquille todo (o lo intente por todos los medios) ya no puedes hacer como si no lo sabes. Porque lo sabes. Y si sigues consumiendo esos productos, eres responsable de todo ese sufrimiento y yo ya no quería serlo.  Así que nos hicimos veganos. Mi marido, porque es un santo y dijo que le parecía bien. Y todo lo que yo leía lo compartía con él. Además, como la que cocino en casa soy yo, empecé a buscar recetas, libros y fuimos descubriendo comidas deliciosas y sin componentes animales,y así nos dimos cuenta de que podíamos vivir perfectamente y seguir comiendo los mismos platos pero sustituyendo ingredientes de origen animal. Y así hasta hoy. Creo que llevamos unos seis años. Y cada vez comemos cosas más ricas porque hay más gente  que cocina vegano y hay más recursos donde buscar, productos, tiendas, opciones en los restaurantes (aunque en esto todavía estamos un poco verdes en este país). 

Soy optimista porque cada vez es más fácil ser vegano y más difícil no serlo (jejeje) Todo es cuestión de tiempo.

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