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Maldito Disney

Maldito Disney www.losveganossomosgentecasinormal.com
Tengo una bolsa de la princesa Aurora en mi casa (me la compré de adulta. UUUuuu)

Ahora resulta que la culpa de todo es de Disney. Misterio resuelto, Mulder. Si os preguntábais por qué hay animalistas en el mundo no busquéis más, pues según algunos se debe a Disney y sus películas fantasiosas cuyos animales cantando distan mucho de LA verdad sobre los animales (que igual no nos habíamos dado cuenta de que los animales no cantan en la vida real).

Quizá la diabetes sea también culpa de Disney, tanto escuchar “Con un poco de azúcar” de Mary Poppins nos ha llevado al consumo enloquecido de azúcar. Maldito Disney. Cuanto daño ha hecho ese hombre. Debe de estar revolviéndose en su cápsula criogénica.
En repetidas ocasiones he escuchado y leído artículos en los que se responsabiliza a las películas de Disney del animalismo (y de otras cosas, pero ahora no viene al caso), porque dicen que los veganos nos hemos creído que los animalitos son como en los dibujos animados y por eso no nos los queremos comer, ingenuos de nosotros (igual también por eso cuando ví Superman me tiré por la ventana… qué fácilmente influenciable soy. Es que me lo creo todo).

Es cierto, lo confieso: yo me crié viendo pelis de Disney, sí. Pero en los ochenta, Disney hacía películas de todo tipo. Desde películas sobre gente que se quería escapar de Alemania del este con su familia, hasta peliculones de ciencia ficción como Tron, películas de aventuras como “El viaje de Nati Gunn” (con un jovencísimo y guapísimo John Cusack, por cierto) y tropecientas películas más que no tenían nada que ver con animales. Ni con princesas. Que cada vez tengo más claro que cuando alguien habla (mal) de películas de Disney en realidad sólo ha visto cuatro pelis de princesas, el Rey León y puede que la de la Poppins. Pero volvamos a mi infancia. Yo veía muchas pelis de Disney que me alquilaban mis abuelos en beta (madre, qué vieja soy) sólo si no había toros. Pues mi abuelo se encargaba (inconscientemente) de contrarrestar los efectos alienantes y nocivos de esas películas tan poco realistas poniéndome toros a la hora de la merienda. Si había feria taurina, me comía el bocata viendo toros. Eso sí, mi abuela era de la guerrilla protoanimalista y le ponía la cabeza como un bombo porque iba y venía de la cocina diciéndole que “cómo podía ver eso” (y desaparecía por la puerta un rato); se asomaba por la puerta: “¡pobre animal!”; se iba; volvía a aparecer: “ya podrá, contra un pobre indefenso!” (ella sí que fue el germen de mi veganismo y no Disney). Al crecer me uní a las protestas de mi abuela y entre las dos le amargábamos las corridas a mi pobre abuelo. Pero como me quería mucho me aguantaba eso y más. Y a pesar de los toros, con Disney o sin él me hice vegana (en todas las familias tiene que haber una oveja negra). Pero decir que el animalismo es consecuencia de las películas de Disney es no entender absolutamente nada (ni siquiera las películas de Disney. Y eso que son para niños).

Lo curioso de todo es que dicen que el retrato de los animales que hacen las películas de Disney es mentira y yo me pregunto: ¿lo del ganadero estupendo cantando a las vacas lecheras por las mañanas sí es verdad? ¿es eso un fiel retrato de la realidad animal? Los anuncios de leche, carne y embutido son tan fantasiosos o más que las películas de Disney. Con la diferencia de que, encima, los anuncios los quieren hacer pasar por información objetiva, científica, fiable y ahora también avalada por presentadores  y afamadas sociedades… Sólo les falta cantar como en Disney…ah, no, que eso ya lo hacen.

En algo estoy de acuerdo con quienes sostienen tales argumentos: la ignorancia hace mucho daño y es la verdadera culpable de la situación de los animales. Si de verdad se mostrara la realidad en la que viven no creo que la gente comiera más carne sino que habría muchos más veganos. Dejemos de montarnos películas y de pensar que los animales sonríen o que bailan antes de ser sacrificados. Contemos la verdad, pero TODA la verdad: cómo se cría a los animales para matarlos, en qué condiciones viven, cómo se obtiene la carne y el calvario al que son sometidos los animales, los ruidos que emiten en el matadero y cómo lloran cuando son separados de sus madres. Y dejemos a Disney en paz.